Se considera la llegada del arte moderno cuando Édouard Manet, en 1863 pinta “Almuerzo campestre y Olimpia”. Este cuadro fue una provocación al academicismo predominante que exigía sublimar al desnudo femenino a través de un contexto simbólico o clásico. Emile Zola, del Salón de París le señala como artista pionero por mostrarse con una personalidad enérgica dejando ver el interior de si mismo, pues revela en su cuadro una actitud en los personajes fuera de los cánones de su época.