Qué incesante es esta lucha por desarrollar un proceso propio como resultado de la experimentación para la creación de la obra artística.
Me encuentro reflejada en la historia de algunos artistas que siempre sentían que algo faltaba en la realización de su obra y al final consiguieron demostrar un estilo propio en el marco de la estética de su época. Pero no me atrevo a citarlos por no desear compararme con quienes ya son parte de la historia en el arte.

Lo que es verdad es que sin estudios más formales que los de algunos talleres a los que me he ido sumando, mi trabajo refleja procesos más complejos que sencillos por el deseo de aplicar lo aprendido y a la vez atrevidamente provocar en ellos, un añadido inesperado.

Mi diversión ha consistido en sobrepasar la técnica ignorando la perfección de la forma pero más preocupada por definir temáticamente el contenido.

Y en ello me encuentro más cómoda gracias a que leo que la búsqueda de un lenguaje propio es parte natural de un artista.

La ruptura emocional de mis propios pequeños logros es lo que realmente me cuesta trabajo asumir. Hay veces que me aferro con testarudez a lo ya experimentado con cierto éxito y saboteo el progreso hasta que me hago consciente de la parálisis disfrazada del “tener que hacer “otro tipo de cosas cotidianas que son incómodas e irrelevantes pero necesaria. Asumo el siguiente riesgo luego de 10 años de pedaleo.